Protesta desde el bus inmovil.
- Arturo Larrahondo A
- 17 ene 2019
- 3 min de lectura

Hoy salí a esperar bus, en hora pico -el horrible calvario del mundo laboral-. Debido a la jornada de movilizaciones del paro estudiantil, el transporte colapsó y no pasaban buses. Decidí esperar en la universidad y perder el tiempo, tras casi tres horas, decidí volverlo a intentar, finalmente, logré subirme en un bus del SITP, atiborrado de gente, la mayoría de ellos quejándose del transporte y de las marchas, desde la ventana, los buses de transmilenio se veían estáticos, y repletos de gente que posiblemente compartía lugares comunes con mis compañeros de bus. Por los separadores avanzaba el éxodo de gente que se resignó a caminar a sus casas ante el trancón inminente causado por los bloqueos. A pesar de estar incomodo, cansado de trabajar todo el día, y avanzando a 3 kilómetros por hora hacia mi casa, yo mantenía una sonrisa en la cara.
Todos los días, debo levantarme más temprano de lo que debería porque debo dejar pasar al menos unos seis buses mientras mantengo la esperanza de que llegue un bus en el que pueda entrar. Sumado al estrés de la multitud y a la ansiedad que produce llegar tarde, el ambiente mental es muy tenso -siempre he pensado, que en Bogotá la gente es amargada por culpa de estas situaciones-, por si fuera poco, cuando por fin logro subir, el bus no avanza porque otros buses, igual de cargados de gente y de estrés, se están bloqueando entre sí.
Me pregunto entonces por qué la gente se queja del trancón causado por las marchas, cuando día a día viven en un trancón que aceptan con completa resignación. No entiendo por qué la gente critica bajo argumentos como “lo quieren todo gratis” o “pónganse a estudiar/trabajar” las marchas estudiantiles. No entiendo que acepten con orgullo el calvario diario de salir a “ganarse la vida” -porque la vida se gana, esa tampoco la quieren gratis-. Actitudes como esas solo son reflejan de forma inherente que la educación en este país no importa.
Quisiera que todas esas personas hicieran el ejercicio de soñar un poco, ¿se imaginan cómo sería un país educado? Si la gente en este país tuviera un mínimo de conciencia crítica, no votaría por una imagen, una cuña radial o un eslogan, votaría bajo argumentos de propuestas, evaluaría los antecedentes de quienes pretenden el poder y elegirían a gente preparada, ahora, imaginen si los políticos y tomadores de decisiones se educaran, no tendríamos a un “doctor” Peñalosa, a un “doctor” Duque, o a un “doctor” Ernesto Macías, decidiendo el futuro de nuestras vidas, tendríamos a doctores de verdad, a políticos preparados apostándole a una vida digna para todos.
Si el país fuera educado, sabríamos el valor de lo público y el daño tan gigante que representa la corrupción. Si el país fuera educado, no hablaríamos de estudiantes vándalos o de policías asesinos, porque la educación se enfocaría en políticas creativas y de paz, los estudiantes no tendrían que lanzar piedras o bombas molotov para hacerse escuchar, ni el ESMAD tendría que disparar a mansalva aturdidoras y gases para hacerlos callar.
Finalmente, a todos los que están en un bus quejándose por las marchas les digo, si el país fuera educado, ustedes estarían en este momento en un metro -muy difícil de bloquear, por cierto-, un poco más cómodos y pagando un pasaje más económico. Posiblemente vivirían en una ciudad mucho menos caótica y con toda seguridad no tendrían esa máscara de tristeza y ansiedad marcada en sus rostros todos los días.
Día a día “me embuto” dentro de un bus. Día a día vivo el estrés que produce vivir en un país donde la ignorancia está al orden del día. Día a día, siento como la rabia se acumula ante la resignación de vivir un trancón en hora pico. Hoy sonrío, desde el mismo bus repleto de gente estresada porque la razón de este trancón no es la ignorancia, ni la malicia. Hoy sonrío, porque la razón de este trancón, son los estudiantes que sueñan con un mañana mejor, en el que nadie más tenga que aceptar con resignación como su vida se escapa en un bus.




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